Cuando me detengo y observo al pequeño de cuatro años manejando mi computadora como un profesional intuitivo, con destrezas de niños, olvidadas por mí,
descubro, de repente, que el niño es una potencia en el manejo y entendimiento, que naturalmente, que sin miedo, investiga y experimenta... y de ninguna manera contempla lo difícil o complicado.
Siendo yo un producto del software privativo, con una mente apelmazada y adaptada a esa filosofía, me encontré siendo instruida a la fuerza por las incursiones que hacía el niño en cuanto menú, directorio o tecla combinada, que encontraba.